Sin contar con Dios sufrimos una paradoja
Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos
demasiado, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente. Bebemos
demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reímos muy poco,
manejamos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado,
amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiada televisión y oramos muy
rara vez.
¡Ya se! Tú no eres de estos… heee.
Quiero continuar un poco más., Hemos
aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas,
no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y volver de la luna, pero se nos
dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino… Gastamos más pero
tenemos menos… Tenemos mayores comodidades pero menos tiempo... Tenemos más
grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor
capacidad de juicio, más expertos pero más problemas, mejor medicina pero menor
bienestar.
<Salmos 127:1,2 (TLA) Si Dios no
construye la casa, de nada sirve que se esfuercen los constructores. Si Dios no
vigila la ciudad, de nada sirve que se desvelen los vigilantes. De nada sirve
que ustedes se levanten muy temprano, ni que se acuesten muy tarde, ni que
trabajen muy duro para ganarse el pan; cuando Dios quiere a alguien, le da un
sueño tranquilo.>
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